El hogar de las plantas suculentas

       La impresión comúnmente extendida de que los desiertos están desprovistos de vida es incierta. Es verdad que algunos como el Sahara, el Gobi y las grandes zonas arenosas de Australia ven reducida su vegetación a unas pocas plantas anuales y arbustos espinosos bajos, pero extensas zonas, denominadas semidesiertos, son colonizadas por un considerable número de plantas, muchas de las cuales han sido descubiertas en cantidad solamente en las últimas décadas. La exploración botánica en esas regiones en ocasiones calificadas como inaccesibles, ha dado muestra de la existencia de muchas plantas y especialmente de éstas de hábito suculento (Jacobsen, 1954).  
       La razón de la aparición de la suculencia en las plantas es la falta de un adecuado suministro de agua, el cual es de gran importancia para el desarrollo de la vida. Junto con el clima y la luz solar. En los desiertos y semidesiertos, que están situados en zonas donde la latitud y la radiación solar son muy intensas, la aparición de las suculentas es comprensible. Pero las condiciones de la vegetación en montañas elevadas son estrictamente comparables. En zonas elevadas de la región alpina la precipitación es mucho menor que en zonas inferiores y, al mismo tiempo, la sequedad debida a los vientos es mucho más fuerte en una atmósfera enrarecida. El sustrato está a menudo helado y fisiológicamente seco para las plantas, que están adaptadas a estas condiciones de vida. Esta dureza difiere de las regiones de desiertos secos, en cuanto al papel de la latitud. No es sorprendente que las plantas de montañas elevadas estén adaptadas a la falta de agua (xerofíticas). Los arbustos leñosos y plantas en roseta, con hojas carnosas, como Sedum y Sempervivum, cuyas formas crecen adaptadas a la falta de agua, son típicamente representativas de la flora alpina elevada. Modificaciones especiales como la longitud de las raíces, protección de las hojas mediante pelos y cubiertas céreas, ayudan a la absorción del agua, y son efectivos protectores de la transpiración. Las suculentas crecen en zonas alpinas sobre roquedos secos por ejemplo, de los Alpes y El Caúcaso, al igual que en lugares secos de rango secundario en Europa, y en ciertas altitudes en el Himalaya y en las montañas de Norte y Sudamérica.
       Algo parecido ocurre con plantas que se encuentran en lugares como la costa o en desiertos salinos. Probablemente se trata de una adaptación a las condiciones de suelo y agua. La absorción del agua y los elementos del suelo es difícil cuando éste está impregnado de sal y el agua es salina, debido a que la sal retiene el agua. Las plantas son más o menos suculentas, como representantes del género Salicornia, de naturaleza herbacea en playas costeras, Sedum acre L. o Sarcocaulon sp. en desiertos salinos de Sudáfrica (Jacobsen, 1954). 
        Muchas de las suculentas habitan en los desiertos del sur de África, el Gran y Pequeño Karroo, al sur del desierto de Kalahari, en Namaqualand, Namibia y las cercanías del la Provincia del Cabo. Estas zonas se caracterizan por la falta de agua. Numerosas Asclepidaceas habitan en el norte de África, Marruecos, Abisinia y Arabia. Curiosas formas de suculentas gigantes provienen de la isla de Socotra, en África tropical, en grandes altitudes como el Kilimanjaro, aparecen extrañas suculentas, como Senecio johnstonii Oliver, representantes de los géneros Adenia Forssk. y Euphorbia, que cubren grandes áreas que se extienden hasta Madagascar (Jacobsen, 1954). Muchas suculentas interesantes provienen de las Islas Canarias, y, naturalmente, de Norte y Sudamérica.   
        Por otro lado, numerosas especies se han naturalizado, por ejemplo, la flora suculenta de la Riviera es sorprendentemente rica, al igual que en los paises mediterráneos. En España, Italia, Norte de África y las tierras costeras de los Balcanes, Agaves, Aloes, Euphorbias y otros grupos se encuentran, no solamente en jardines, sino a menudo en estado salvaje (Jacobsen, 1954).

Forma y modo de vida

       Las suculentas, se encuentran entre las formas vitales más especializadas. Las adaptaciones a la rápida absorción y conservación del agua son variadas. En ocasiones las raíces de las plantas penetran profundamente para aprovechar el agua, como Weltwischia Hook. f., la mayoría, sin embargo, poseen raíces poco profundas, que son capaces de recoger el agua nocturna. El agua es conservada parcialmente en las hojas o en las raíces, que pueden contener agua hasta el 95% de su volumen, y ser más o o menos carnosas. El tejido empleado para conservar el agua ocupa la mayor parte de la planta, cubierto por una fina capa de tejido asimilador (Agave, Aloe, Mesembryanthemum L.). Es un hecho remarcable que el agua contenida en las hojas es muy mucilaginosa, lo que es de gran importancia para la retención del agua. Las hojas, donde tiene lugar la transpiración, son mucho más reducidas en tamaño y número en las plantas suculentas, y poseen variadas adaptaciones para retardar la transpiración. Algunas plantas han reducido mucho las hojas adhiriéndolas al tallo (Crassula lycopodioides Lam., C. pyramidalis L. f.), o son gruesas y carnosas, a menudo sésiles o también reducen la superficie, pequeñas o cilíndricas (Sedum, Senecio L.), ovadas o esféricas (Senecio herreianus Dinter) o unidas en cuerpos ovados o esféricos (Lithops N. E. Br., Conophytum N. E. Br.). Durante el período seco las plantas parecen completamente secas pero se recobran tras las primeras lluvias, y en corto tiempo producen nuevas hojas y muestran nuevos crecimientos. Muchas disponen su hojas en roseta (Jacobsen, 1954).  

Bibliografía

JACOBSEN, H. (1954) Handbuch der sukkulenten Pflanzen. Veb Gustav Fischer Verlag. Jena.





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